En el primer día laborable después del estado de alarma, me desplacé al centro de Barcelona. La plaza Cataluña tenía un aspecto extraño y los pocos que nos cruzamos también lo teníamos. Cuando me acerqué al autobús empecé a oír golpes extraños en las paredes de la marquesina. Eran golpes fuertes y secos, que no respondían a la acción de una persona. Al principio no les di importancia, pero al poco rato dichos golpes continuaron y me intranquilizaron, pues no conseguía identificar de dónde venían.

Me separé un poco para ver lo que ocurría a mis espaldas y entonces pude observar que los pájaros de la plaza, en su mayor parte palomas, se estrellaban violentamente contra las paredes transparentes de la parada. En circunstancias normales las paradas de autobús están repletas de gente y los pájaros no intentan volar a través de estas. Supongo que ese paisaje tan extraño y las marquesinas transparentes, las tenía confundidas, como a mí también me estaba ocurriendo al vivir un día tan raro. Golpe tras golpe, no hubo que lamentar ninguna desgracia y todas se fueron recuperando tras ciertos segundos de aturdimiento y algún que otro vuelo fallido.

En aquel momento no era consciente de todo lo que se nos venía encima y de lo que cambiaría nuestro escenario vital en estas últimas tres semanas, pero pude observar lo pronto que para ellas había cambiado su día a día y los problemas que nuestra ausencia les estaba generando.

Pasadas unas semnas, he podido sentir en mi propia piel la falta de muchas cosas y lo complicados que se vuelven detalles sencillos de nuestro día a día. Además de los pobres pájaros con más de una contusión, han aparecido jabalíes en la Diagonal y seguro que otras rarezas, que a lo mejor nos han pasado desapercibidas.

The lark ascending.- Nigel Kennedy

Se cumplen escasos 100 años de la composición de esta obra, The lark ascending, un homenaje al vuelo de otro pájaro, la alondra, en este caso en circunstancias muy diferentes.

The lark ascending.- Nicola Benedetti

En la BBC, esta obra aparece normalmente en el número 1 de las listas de clásica. En primer lugar, debo decir que no me gusta este tipo de rankings, pues no los acabo de comprender en el entorno musical. Si lo se pretende decir es que una obra es mejor o peor que otra lo considero injusto. Si se refiere a las más escuchadas podría tener un cierto sentido, pero en general me suena muy raro este concepto para una obra clásica. Entonces, siguiendo el mismo juego, en la radio deberían presentárnosla como un TOP 1, encabezando la lista de los 40 principales, lo cuál sería insólito. Está claro que los británicos tiraron para casa, lo cual es legítimo y natural, pero eso no quiere decir que esta obra no merezca toda nuestra atención y sea realmente exquisita.
Dicen que en 1914, unos cien años atrás, Ralph Vaughan Williams compuso esta partitura mientras veía a los barcos de guerra desfilar por el Canal de la Mancha. Más mérito aún tiene la contradicción de hacer algo tan bonito y evocador como retratar con música el vuelo de una alondra, estando a la vez inmerso en un escenario tan difícil como el del inicio de la primera guerra mundial.
Este compositor con un apellido que a los castellanoparlantes nos cuesta pronunciar bien, o nos es casi imposible, permite que el violín se luzca de una forma maravillosa, partiendo de una melodía en apariencia simple, pero que a la vez llena todo el espacio creado por ese vuelo ascendente.
Dicen que las alondras madrugan y los buhos trasnochan. Las primeras también cantan cuando vuelan alto, aunque aquí no nos digan nada de eso. Aquí solo vuelan y vuelan pero de qué manera.

De la mano de un violín, nada menos.

Photo by Mudassir Ali on Pexels.com

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