
Las variaciones Enigma están construidas sobre un tema que nunca se interpretó como tal. Cada una de estas versa sobre una situación o amigo y pretende describir con música detalles sobre cada una de ellos. Solo una persona, indica, podía descifrar el enigma original que se esconde y en estos casos, las claves suelen reservarse a las féminas.
Enigmática es la vida. Más aún cuando nos lo ponen difícil y elaboramos temas que necesitan desentrañarse desafiando nuestra inteligencia, pero, de no ser así, poco utilizaríamos el cerebro y la humanidad se habría quedado muy lejos de donde se encuentra a día de hoy. Sin embargo los egipcios siguen jugando con nosotros, mostrándonos jeroglíficos que se nos escapan y nos hacen dudar de si realmente la evolución de nuestra cabeza ha ido en la dirección correcta o estamos por detrás de donde estaban ellos hace miles de años. En otro orden de cosas, pocos años atrás, el gran enigma de la humanidad parecía ser encontrar a Bin Laden, vivo o muerto, mientras podíamos haber dedicado nuestros recursos a retos mucho más constructivos para el bien común. Se siguen sin entender muy bien sucesos y devenires de nuestra historia que al final derivamos a la pura casualidad y seguimos sin comprender la causalidad de muchos otros. Posiblemente porque cada uno de nosotros somos tan únicos que convertirnos en números de serie de un mismo elemento nos desagrada y molesta. Elgar jugó con esa realidad y a la vez con nosotros, haciéndonos ver que todas las variaciones sobre un tema pueden hacerse sin desvelar el original, el que es el origen de todo y que a la vez es el gran desconocido.
Existen misterios mucho más mundanos en nuestra existencia que se repiten sin que nadie comprendamos la razón. Uno mayúsculo y casi ridículo son los libros y discos prestados que jamás te devolverán. A estos elementos se han añadido ahora los cargadores de móvil que en un apuro puedas dejar. Tampoco los volverás a ver nunca. Es bien absurdo que todos caigamos en esta misma trampa tantas veces en la vida y sigamos sin aprender. Otro gran misterio sería nuestra tradicional paella. Aunque la sepas hacer y utilices siempre los mismos ingredientes e idéntico ritual, el resultado es inefablemente diferente. En las combinaciones bioquímicas que utilizan los científicos no ocurren los procesos misteriosos que se producen cuando uno cocina intentando repetir escrupulosamente una receta exitosa. Y el mismo fenómeno ocurre no solo con la paella sino con cualquier plato que cocines si no eres un experto. El destino parece burlarse de nosotros cuando hemos seguido unas instrucciones al dedillo y el resultado es tan diferente como lo puede ser un huevo al compararlo con una castaña.
Y el que se llevaría la palma sería el gran misterio del efecto del tiempo en nuestra vida. Vivimos a diario situaciones interminables y otras que querríamos haber degustado y se nos han esfumado en un tris. Los años pasan sin que nos demos cuenta y unos días malos son una maldición que parece no acabarse nunca.
Bien caprichoso es el juego de los enigmas y las variaciones. Elgar nos mostró con claridad en estas variaciones cómo encontrar los matices que se nos escapan por nuestra falta de tiempo o sensibilidad en un momento puntual.
Un homenaje a los detalles que hacen que la vida tenga tantos colores.
