Memorias Vol. I de Pedro Voltes

Mirando por el balcón el 19 de julio de 1936

«En la mañana del domingo día 19 de julio de 1936, nos despertaron unos disparos de fusil oídos desde diversas distancias y con ritmos variados. De vez en cuando, sonaba también algún ruido más serio, como de cañonazos. Nos asomamos al balcón y solo vimos a otras familias que hacían lo mismo con talante temeroso. En casa no teníamos teléfono y durante muchas horas no consultamos a nadie. Por las calles de nuestro barrio no se veía gente que caminara con porte normal. Alguien daba a veces un correteo asustado de una puerta a otra. Los alrededores estaban solitarios, a pesar de ser acaso las nueve del día.

Algo más tarde, comenzó a pasar algún coche o algún camión, con paisanos de aspecto agitado y descompuesto, muchos de ellos armados, que hacían grandes gestos y daban voces. A media mañana, oímos desde nuestra casa de la calle de la Industria, unos toques de corneta que daban diversas órdenes de Caballería, fáciles de interpretar por mi padre. La última que recuerdo que nos tradujo fue: «Esto es Alto el fuego». Cesó uno de los focos de los tiros que habíamos estado oyendo.

Más tarde, supimos que habían venido del convento de los Carmelitas, donde se habían refugiado un grupo de oficiales sublevados, junto con sus soldados, asediados desde las calles vecinas por fuerzas leales al gobierno y paisanos. Continuaron oyéndose tiros más lejanos o más cercanos procedentes de otros lugares.

Quienes tenían radio útil nos pasaron, en los rellanos de la escalera, algunas informaciones sueltas. Nosotros teníamos por entonces una radio de galena, que había construido en su casa un aficionado mañoso, y que funcionaba mal y cuando quería. Había que acertar el puntito conveniente de la piedrecita de galena, con sus chispitas brillantes, para que se pudiera captar, mejor o peor, la emisión, añadiendo un gran esfuerzo de finura en el rodar de unos volantes graduados. No era, pues, el mejor medio para enterarse de acontecimientos, y menos si eran tan graves como aquéllos. El que tenía los auriculares puestos había de transmitir a los reunidos lo que captaba. ¿Qué pasa?, preguntaban estos nerviosamente. ¡Callarse!, decía el oyente, con autoridad. Fue trasluciéndose el tipo de noticia que el lector ya conoce hoy mucho mejor de lo que yo la conocí cuando estaba ocurriendo».

Esperamos que os guste. Volver la vista atrás siempre ayuda a comprender el presente y si conseguimos que lo hagáis con un poco de cariño y benevolencia nos daremos por más que satisfechos.

Pedro Voltes, periodista en su primera juventud y posteriormente catedrático  de la Universidad de Barcelona se licenció en cinco facultades españolas y recibió el grado de doctor en Derecho y en Filosofía y Letras.  A lo largo de su vida, escribió más de ochenta libros, centrándose sobre todo en los de carácter histórico, tanto eruditos como dedicados al gran público en los que destaca su amenidad y fluidez de palabra. Su obra fue reconocida con varias condecoraciones españolas así como extranjeras entre las que se encuentran las Palmas Académicas de Francia, la italiana del Mérito de la República y la Cruz de Honor de primera clase a la Ciencia y el Arte de la República de Austria.

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